Una semana después del potente sismo de magnitud 7.4 que sacudió a Colombia, los equipos de rescate mantienen operaciones intensivas en Cali y otras ciudades afectadas. El terremoto, ocurrido hace siete días, ha dejado un saldo de cerca de 300 personas fallecidas y miles de damnificados que luchan por reconstruir sus vidas entre los escombros.
En Cali, la ciudad más golpeada por el desastre, rescatistas de múltiples países trabajan sin pausa para localizar y recuperar cuerpos bajo toneladas de concreto y acero. Equipos especializados en búsqueda y rescate utilizan perros adiestrados, drones y tecnología de detección de calor para identificar posibles sobrevivientes. Pereira también registró daños significativos, con viviendas colapsadas y servicios básicos interrumpidos en sectores críticos.
La magnitud del terremoto ha generado réplicas continuas que complican las labores de rescate y ponen en riesgo estructuras ya debilitadas. Las autoridades colombianas han coordinado con organismos internacionales para ampliar la cobertura de atención médica de emergencia y distribución de alimentos. Los hospitales de la región operan a máxima capacidad, atendiendo a heridos graves mientras enfrentan escasez de suministros médicos.
Este desastre nuevamente expone la vulnerabilidad de las ciudades centroamericanas y colombianas ante fenómenos naturales. La región se encuentra en una zona de alta actividad sísmica, lo que demanda inversión urgente en infraestructura resiliente y sistemas de alerta temprana. Centroamérica, compartiendo características geológicas similares con Colombia, debe reforzar sus protocolos de preparación ante emergencias y evaluación de riesgos en construcciones civiles.













































