Astrónomos de todo el mundo buscan desentrañar uno de los mayores misterios del universo: la materia oscura. Para ello, estudian estructuras cósmicas llamadas «ríos estelares», que podrían revelar la distribución invisible de esta materia que sostiene las galaxias.
Estas delicadas hebras de estrellas funcionan como fósiles dinámicos que conservan la huella de las fuerzas gravitatorias que las han moldeado, y podrían ayudar a dibujar con más precisión la masa de la Vía Láctea y la distribución de su enigmático halo de materia oscura.
Pero la búsqueda no es tan sencilla. La materia oscura podría dejar huellas en los ríos estelares, pero un hueco no basta. Un algoritmo diseñado para encontrar corrientes puede confundir patrones del disco, correlaciones de movimientos propios o estructuras del polvo con señales reales, advirtieron investigadores en estudios recientes.
Un grupo de científicos detectó un sorprendente «flujo» de estrellas fuera de la Vía Láctea en UGC9050-Dw1, una galaxia muy tenue y lejana ubicada a más de 100 millones de años luz de la Tierra. Este hallazgo podría cambiar la forma en que se estudia la materia oscura en el universo.
Los astrónomos advierten que distinguir entre una verdadera señal de materia oscura y un artefacto observacional requiere análisis rigurosos. El polvo interestelar, el brillo del cielo, la profundidad variable de los sondeos y la clasificación estelar pueden alterar la densidad aparente de un río sin que este haya perdido una sola estrella.











































