Honduras enfrentó en julio un aumento sin precedentes en deportaciones mediante aeronaves militares estadounidenses, en un cambio de estrategia que preocupa a organismos de derechos humanos y expone a civiles a procedimientos atípicos.
En julio, 13 de los 45 vuelos de deportación al país fueron realizados con aviones C-17 Globemaster y C-130J de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, tras la reanudación de estos vuelos en junio, todos partieron desde la base de ICE Air en Harlingen, Texas, con destino a San Pedro Sula.
Este fenómeno forma parte de una transformación más amplia en Centroamérica, donde el ciclo de deportaciones estadounidenses ha alcanzado niveles históricos. En total, 7.035 guatemaltecos fueron deportados durante julio, un 62% más que en el mismo período del año anterior. La región se ha convertido en receptor de miles de connacionales expulsados, alterando dinámicas migratorias que hace años operaban bajo esquemas diferentes.
Los cambios en la política migratoria estadounidense tienen repercusiones en toda Centroamérica. El presidente Bernardo Arévalo confirmó el 19 de agosto que, en lo que va de 2026, 2,284 mexicanos deportados desde Estados Unidos llegaron a Guatemala como escala de tránsito, siendo ingresados en calidad de tránsito para, en coordinación con autoridades migratorias mexicanas, regresarlos en menos de 24 horas. Especialistas sugieren que estos cambios reflejan presión diplomática entre gobiernos sobre la frontera norte de Centroamérica.








































