Las estrellas parpadean porque la luz que procede de ellas es distorsionada por la atmósfera antes de llegar a nosotros. Este efecto óptico, conocido técnicamente como cintilación estelar, es uno de los fenómenos más hermosos del cielo nocturno que podemos observar desde Honduras o cualquier punto del planeta.
Cuando miramos el cielo nocturno en las noches despejadas de Centroamérica, ese titileo constante que ven nuestros ojos no viene de las propias estrellas. La luz de estos astros atraviesa distintas capas de la atmósfera, y en su camino, sus fotones chocan con partículas de gas y polvo. Estos choques desvían su trayectoria, haciendo que, en ocasiones, parte de la luz no llegue a nuestros ojos, generando la sensación de que la estrella parpadea.
Cuando la luz de las estrellas penetra en nuestra atmósfera, se ve afectada por los vientos en la atmósfera y por áreas con diferentes temperaturas y densidades. Durante noches especialmente frías o ventosas, el parpadeo de las estrellas es más notorio debido a la mayor inestabilidad en la atmósfera, razón por la cual en las épocas más frías del año o en noches tormentosas, este efecto se aprecia más intensamente.
Aquí está lo interesante: los planetas no titilan porque el Sol y los demás planetas están muy cerca de nosotros en relación con las estrellas. Por lo tanto, la luz del sol reflejada en los planetas regresa a través de la atmósfera de la Tierra en un haz de luz mucho más grueso, de ahí que no haya distorsiones de la atmósfera y no los veamos centellear. Esta diferencia es tan clara que los astronautas en el espacio son los únicos que pueden ver las estrellas sin parpadeos porque allí no hay atmósfera que distorsione su luz.



















































