Investigadores revelaron que los artistas de Huashan mezclaron cal, arcilla y sangre humana para crear un pigmento capaz de resistir 2.000 años de clima extremo en el sur de China.
Durante décadas, los arqueólogos se preguntaron cómo miles de figuras rojas pintadas en los acantilados de Huashan lograron sobrevivir a dos milenios de tifones, lluvias torrenciales y temperaturas de más de 40 grados. Un equipo liderado por Meng Wu, de la Universidad de Shandong, identificó una auténtica fórmula química donde la sangre humana participó como ingrediente principal.
La clave de la supervivencia durante más de 2000 años en un clima subtropical no es la sangre en sí, sino el carbonato de calcio biomineralizado. Los análisis químicos revelaron que el mortero contiene carbonato de calcio, fosfato de calcio, silicatos, sulfatos y proteínas. Cada metro cuadrado de pintura requería solo unos 8 mililitros de sangre, una cantidad muy pequeña pero suficiente para desencadenar la cristalización.
La elaboración de estas figuras exigía algo más que subir materiales por paredes escarpadas, porque el análisis señala un conocimiento técnico preciso en la preparación y aplicación de la pintura. Los artistas tenían que preparar el aglutinante, incorporar el material orgánico y extender el pigmento cuando el mortero aún conservaba parte de su humedad. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2016, el paisaje de Huashan se extiende a lo largo de 260 kilómetros junto al valle del río Zuojiang, cerca de la frontera con Vietnam.
Este descubrimiento proporciona un valioso precedente para la preservación de patrimonio cultural en ambientes tropicales y húmedos, similares a los que enfrenta Centroamérica. El hallazgo abre el camino para estudiar los rituales, las creencias y la vida cotidiana de un pueblo, el Luoyue, del que apenas conservamos testimonios escritos.










































