Las cuencas transfronterizas abarcan aproximadamente 167 mil 725 kilómetros cuadrados, más de 1.5 veces el territorio guatemalteco. Ríos como el Grijalva, Usumacinta, Suchiate, Coatán, Hondo, Sarstún, Lempa y Paz tienen algo en común: parte de su agua se origina en Guatemala y genera beneficios más allá de nuestras fronteras.
La Cuenca del Río Motagua en Guatemala es de gran importancia por ser la más larga del país. Es una de las principales en el Sistema Arrecifal Mesoamericano que además es transfronteriza con Honduras y eso incrementa su importancia o complejidad. Honduras enfrenta actualmente una crisis hídrica severa: cerca de 380 mil personas carecen de un suministro permanente, y los bajos niveles de las represas Los Laureles y La Concepción han obligado a establecer racionamientos que en algunos sectores permiten recibir agua solamente cada 15 o 20 días.
Se trata de establecer mecanismos para que quienes reciben beneficios del recurso también contribuyan a conservar las fuentes que lo producen. Quien se beneficia de un servicio ambiental debe contribuir a mantenerlo. No existe un ente centroamericano encargado de dar seguimiento integral a las cuencas transfronterizas y cada país analiza su territorio desde sus propias leyes e intereses.
Uno de los asuntos centrales de la agenda será la seguridad hídrica, por la importancia de las fuentes de agua compartidas y la necesidad de fortalecer la capacidad de los tres países para responder a los efectos de la variabilidad y el cambio climático. Entre las medidas previstas figura la creación de un Observatorio Trinacional del Agua. Esta entidad monitoreará el estado de las fuentes hídricas, alertará sobre posibles disputas y anticipará conflictos vinculados a la escasez y la degradación ambiental. La coordinación entre naciones es fundamental para transformar estos desafíos compartidos en oportunidades de desarrollo duradero.






















































