Un potente terremoto de magnitud 7.7 sacudió Panamá el viernes 9 de octubre, dejando daños estructurales en varias zonas del país centroamericano. El epicentro se localizó en la península de Azuero, cerca de Tonosí, con una profundidad de aproximadamente 10 kilómetros. Fue causado por el Sistema de Fallas Azuero-Soná, que liberó presión acumulada durante años.
Las autoridades panameñas reportaron al menos 27 lesionados, incluyendo 15 estudiantes con heridas leves en una escuela. No se registraron víctimas fatales, aunque se contabilizaron daños significativos: 419 centros educativos, 21 centros de salud y 9 puentes fueron afectados. Estructuras emblemáticas como la Catedral de San Juan Bautista en Penonomé sufrieron desprendimientos de mampostería. Más de 95 réplicas se registraron, siendo la más intensa de magnitud 6.6.
Honduras, como país vecino, mantuvo vigilancia en sus costas del Pacífico tras la emisión de una alerta de tsunami. Sin embargo, las proyecciones de la Coordinadora para la Reducción de Desastres (Copeco) indicaron que las posibles olas llegarían con una altura inferior a 30 centímetros, insuficiente para representar una amenaza importante. El presidente Nasry Asfura se comunicó directamente con su homólogo panameño José Raúl Mulino para expresar solidaridad.
En Panamá, las actividades educativas fueron suspendidas el lunes 12 de octubre para permitir inspecciones de seguridad en las instalaciones. Las universidades, incluyendo la de Panamá y la Universidad Tecnológica, mantuvieron clases virtuales. El Metro de Panamá reanudó operaciones en sus líneas 1 y 2 el domingo 11 de octubre tras tres días de cierre preventivo.

















































