Aunque el tipo de cambio se mantiene estable en Nicaragua, la inflación continúa reduciendo el poder de compra de las familias centroamericanas que dependen de remesas del exterior. Casos como el de Cristina, quien retira 30 dólares semanales de un familiar en Estados Unidos, ilustran cómo el dinero no alcanza igual que hace unos meses para los alimentos básicos.
La estabilidad cambiaria que implementó el gobierno nicaragüense buscaba proteger el córdoba frente a la volatilidad del mercado. Sin embargo, los precios internos de productos como granos, lácteos y proteínas suben aceleradamente, anulando cualquier ventaja que pudiera representar una moneda congelada. Las compras en mercados tradicionales como el Oriental de Managua evidencian que el dinero de las remesas pierde valor cada semana.
Esta situación afecta especialmente a Honduras y el resto de Centroamérica, regiones donde millones de personas dependen de giros desde el exterior. Con la inflación global presionando precios de importaciones y combustible, incluso quienes tienen acceso a divisas extranjeras enfrentan limitaciones serias para cubrir necesidades básicas. El fenómeno revela que la estabilidad cambiaria, por sí sola, no resuelve el problema del costo de vida.
Economistas de la región advierten que mantener un tipo de cambio fijo sin controlar la inflación interna genera efectos económicos distorsionados. Para familias como la de Cristina, la realidad cotidiana es clara: aunque el dólar mantiene su valor nominal, compra menos cada semana. Este desafío seguirá siendo central en la agenda económica centroamericana mientras persista la presión inflacionaria.











































