Nicaragua recibirá USD 6.700 millones en 2026, un crecimiento del 10% respecto al año anterior, según proyecciones de analistas. Sin embargo, para 2027 el crecimiento de esas transferencias caería al 2%, equivalente a apenas USD 7.000 millones.
La región centroamericana muestra un panorama contradictorio. Honduras lidera el repunte de remesas con un alza del 13,2% en los primeros cinco meses de 2026, registrando la mayor suba porcentual del Triángulo Norte, mientras que en esos meses recibió USD 5.290,9 millones en remesas. Las proyecciones del Banco Central de Honduras prevén que el país podría alcanzar los USD 13.000 millones al cierre de 2026.
La dependencia de estas transferencias es estructural. En Honduras las remesas equivalen al 30% del producto interno bruto (PIB), en El Salvador al 28% y en Nicaragua al 27%. En varios países de Centroamérica representan ya cerca de una tercera parte de la economía, una dependencia que también aumenta su exposición a cambios en el mercado laboral y la política migratoria de Estados Unidos.
El cambio de tendencia responde a factores específicos. En 2025, el temor a la deportación llevó a los migrantes a adelantar envíos: las remesas principales crecieron un 20% ese año. Pero ese colchón se agotó. A septiembre de 2026, el crecimiento promedio del monto enviado cayó al 4%, y los propios migrantes están echando mano de sus reservas para mantener los giros.
A nivel regional, en toda América Latina y el Caribe las remesas aumentarán un 4.7% en 2026, frente al 7% registrado en 2025. Los datos mensuales sobre transacciones a nueve países de América Latina y el Caribe muestran una disminución gradual, coincidiendo con una reducción de la migración y un aumento de las deportaciones, que reducen el número neto de remitentes.
Los analistas advierten sobre la vulnerabilidad económica futura. Una desaceleración prolongada en Estados Unidos podría transmitirse rápidamente al consumo interno hondureño, evidenciando la vulnerabilidad inherente a esta fuente de ingresos. El crecimiento actual también subraya la profunda desigualdad y la falta de oportunidades que siguen expulsando a miles de jóvenes centroamericanos cada mes.
















































