August Lamm, artista que antes construyó una audiencia de 200,000 seguidores en Instagram, acaba de lanzar un movimiento que interpela a millones en Latinoamérica: abandonar los smartphones para recuperar la paz mental.
En su late veinte, quemada como influenciadora de redes sociales, vendió su smartphone y cambió a un celular básico, experimentando mejoría inmediata en su salud mental, aumento en su capacidad de atención y retorno de su curiosidad. Su nuevo libro, lanzado esta semana, ofrece una guía práctica para quienes buscan desconectarse.
Lamm observa que las personas hoy gastan un promedio cercano a cinco horas diarias en sus teléfonos, tiempo que podría dedicarse a actividades más significativas. Al abandonar su smartphone, recuperó algo difícil de medir: la capacidad de pensar sin alcanzar constantemente una pantalla.
En Centroamérica, donde el uso de dispositivos crece sin regulación clara, expertos alertan sobre problemas similares. Neuropsicólogos advierten sobre la creciente dependencia adolescente hacia los teléfonos móviles, señalando que la falta de alternativas al uso de pantallas deja a los jóvenes sin opciones una vez que se les quita el dispositivo.
Los usos problemáticos de tecnologías no obedecen únicamente al tiempo frente a pantallas, sino a la combinación de acceso temprano, intensidad de uso, bienestar subjetivo, dinámicas familiares y contextos de socialización. Esto significa que no basta desconectar: es necesario construir alternativas.
El libro de Lamm ofrece orientación práctica sobre selección de teléfonos básicos, navegación sin GPS, encuentros presenciales y superación de obstáculos como tickets digitales y autenticación de dos factores, demostrando que la desconexión es posible en la era moderna.
La pregunta ya no es si es posible vivir sin un smartphone inteligente, sino si está dispuesto a intentarlo. Lamm prueba que vivir sin un ordenador en el bolsillo no solo es posible, sino ideal.



















































