Después de más de una década de deterioro, el apoyo a la democracia volvió a crecer en América Latina, con el 65% considerando que pese a sus problemas, la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Este repunte llega en medio de transformaciones políticas que han reconfigurado el mapa electoral regional.
Entre 2024 y 2026 se realizaron alternancias de gobierno en Honduras, junto con Panamá, Uruguay, Bolivia, Chile, Perú y Colombia. Sin embargo, Honduras registra apenas 42% de apoyo democrático, ubicándose entre los países con menor respaldo a sistemas democráticos en la región, solo por encima de Guatemala con 35% y Brasil con 41%.
El estudio, basado en el Latinobarómetro y el Barómetro de las Américas 2026, reveló una paradoja preocupante. Un 52% de los latinoamericanos está de acuerdo con que no le importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si resuelve los problemas. Solo el 26% considera que el Estado ha hecho mucho o algo por ellos, y la confianza en los partidos políticos apenas alcanza el 15%.
En Centroamérica, la situación es especialmente compleja. El Salvador, bajo la administración de Nayib Bukele, es apuntado como el principal ejemplo de degradación institucional, siendo calificado como una autocracia y un gobierno autoritario. Esto contrasta con el panorama que enfrenta Honduras, donde el país albergará una sede permanente del FOPREL para fortalecer la cooperación entre parlamentos y coordinar iniciativas legislativas sobre seguridad, migración y cambio climático.
El diagnóstico de la Corporación Latinobarómetro es tajante: ninguna democracia de América Latina está consolidada, quizás con la excepción de Uruguay. Los analistas advierten que sin mejoras en servicios públicos, combate a la corrupción y reducción de la violencia, la región permanecerá vulnerable a tentaciones autoritarias que prometan resultados rápidos, independientemente de los costos democráticos.










































