Mayo del 68 sembró la semilla que permitió el florecimiento del movimiento verde en Europa, una lección que adquiere urgencia en Honduras, donde el país ha perdido aproximadamente 900 mil hectáreas de bosque en los últimos 11 años.
La historia de Europa muestra el camino. La lucha contra la energía nuclear comenzó en los años setenta y aparece como un estímulo continuo para el movimiento verde, transformándose en fuerzas políticas que hoy tienen representación parlamentaria. El Partido Verde Europeo nació de la fusión de treinta y dos partidos ecologistas y cuenta actualmente con cincuenta eurodiputados en el Parlamento Europeo, formando grupo propio denominado Grupo de Los Verdes / Alianza Libre Europea.
En Honduras, la situación es crítica. El país enfrenta una posible desaparición total de su cobertura forestal en un plazo de 71 años si no se toman medidas urgentes. Además, la violencia contra los defensores del ambiente se ha convertido en una crisis sostenida con asesinatos, amenazas y criminalización, mientras Honduras figura entre los países más peligrosos para el activismo ambiental.
Tegucigalpa registra 122 incendios forestales en lo que va de 2026, dejando más de 1,355 hectáreas afectadas. Paralelamente, la sequía asociada al fenómeno de El Niño 2026 está dejando huellas en Guatemala, Honduras y El Salvador, traduciéndose en cosechas reducidas, menos oportunidades de empleo y mayores dificultades para acceder al agua.
La lección de Mayo 68 es clara: los movimientos de base pueden transformarse en fuerzas políticas capaces de cambiar prioridades nacionales. Honduras y Centroamérica necesitan hoy esa semilla de conciencia ambiental que germinó hace 58 años en París, pero convertida en acciones concretas que detengan la deforestación, protejan a sus defensores y prioricen la adaptación climática.











































