Las redes sociales se han convertido en un escaparate de tratamientos de belleza cada vez más insólitos. Desde aplicar derivados de esperma de salmón hasta utilizar excrementos de aves como mascarillas faciales, estas terapias acumulan millones de visualizaciones y prometen resultados milagrosos. Sin embargo, la comunidad científica advierte que la popularidad en internet no equivale a eficacia comprobada.
El ADN extraído de esperma de salmón, conocido como PDRN (polidesoxirribonucleótido), se ha posicionado como uno de los ingredientes más comentados en el mundo de la estética. Sus defensores aseguran que regenera la piel y combate el envejecimiento. No obstante, los estudios científicos disponibles hasta el momento son limitados y muchos se han realizado en condiciones de laboratorio, sin ensayos clínicos amplios que respalden las afirmaciones que circulan en plataformas digitales.
Por otro lado, el uso de excrementos de aves —particularmente de ruiseñor japonés— es una práctica que tiene siglos de antigüedad en la cultura nipona. Aunque algunas investigaciones sugieren que las enzimas presentes en estos desechos podrían tener propiedades exfoliantes, los expertos en dermatología señalan que existen alternativas mucho más seguras, higiénicas y con mayor respaldo científico para lograr resultados similares.
Los especialistas recomiendan cautela ante cualquier tendencia viral relacionada con el cuidado de la piel. Consultar con dermatólogos certificados antes de probar tratamientos exóticos es fundamental para evitar reacciones adversas, infecciones o daños permanentes. La viralidad de un contenido no garantiza su seguridad ni su efectividad, y la salud cutánea merece decisiones basadas en evidencia, no en algoritmos.
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