Cientos de centroamericanos emprenden viajes hacia Estados Unidos guiados por contenido de redes sociales que poco tiene que ver con la realidad del camino. Lo que ven en videos de plataformas como TikTok contrasta drásticamente con la experiencia que viven sobre el terreno, dejando a muchos migrantes traumatizados por la brecha entre expectativa y realidad.
Testimonios de personas que han intentado llegar al norte muestran un patrón común: las redes sociales presentan una versión idealizada y simplificada de la migración, omitiendo los peligros reales del trayecto. Alejandra Ramírez es uno de esos casos. Ella asegura que jamás habría decidido recorrer cerca de 8.000 kilómetros a pie de no ser por lo que veía en línea. Lo que encontró en la práctica fue muy distinto a lo promocionado en pantallas: condiciones insalubres, riesgos de seguridad extrema y gastos económicos devastadores.
Este fenómeno afecta principalmente a jóvenes y familias de Honduras, Guatemala y El Salvador, quienes ven en el contenido viral una promesa de prosperidad fácil. Los videos suelen minimizar los desafíos: no hablan de la falta de agua potable, los asaltantes en el camino, las autoridades migratorias, o el agotamiento físico extremo. En su lugar, muestran historias de supuesto éxito que motivan a más personas a intentarlo, creando un ciclo de desinformación con consecuencias humanitarias graves.
Expertos advierten sobre la responsabilidad de las plataformas digitales en la difusión de contenido que afecta decisiones de vida o muerte. La migración irregular seguirá siendo un desafío regional mientras no haya regulación sobre narrativas engañosas en redes sociales. Mientras tanto, migrantes como Alejandra cargan con cicatrices emocionales y físicas de un viaje que las pantallas nunca les mostraron de verdad.



















































