Honduras enfrenta una crisis migratoria sin precedentes. Se estima que Estados Unidos deportará a más de 150,000 centroamericanos durante 2026: 73,000 guatemaltecos, 51,150 hondureños, 17,000 salvadoreños y 11,750 nicaragüenses. El país centroamericano es el segundo destino de deportaciones en la región, después de Guatemala.
El impacto es inmediato y tangible en las familias. El Banco Central de Honduras contabilizó 38,052 hondureños deportados o retornados de forma voluntaria hasta julio, 48.5% más que un año antes. Estos retornos acelerados generan una crisis económica y social en comunidades que dependen del dinero enviado desde el exterior.
Cerca de dos millones de centroamericanos tendrían ya una orden de deportación pendiente, el equivalente a un tercio de quienes envían dinero a sus familias. Honduras particularmente vulnerable, pues cientos de miles de familias enfrentan la amenaza de perder a sus proveedores económicos principales en los próximos meses.
La caída de remesas empeora la situación. El Inter-American Dialogue atribuye la desaceleración a cuatro factores simultáneos: menos migrantes nuevos hacia Estados Unidos, más deportaciones, un número estable de remitentes que ya no crece y el agotamiento del aumento en el monto promedio enviado. Expertos advierten que esta tendencia profundizará la pobreza en la región durante 2027.




















































