La legendaria reina Semíramis ha sido acreditada durante siglos con la construcción de Babilonia, una de las ciudades más emblemáticas de la antigüedad. Sin embargo, la arqueología y los registros históricos revelan una verdad muy diferente. Semíramis nunca edificó Babilonia, aunque su nombre permanece vinculado a esta hazaña monumental en la cultura popular.
Semíramis probablemente se inspira en Sammu-ramat, reina asiria y madre de Adad-nerari III, quien gobernó como regente a comienzos del siglo IX a. C. Lo curioso es que en esa época Babilonia ya existía, como mínimo, desde hacía unos 1.500 años, además de haber sido la capital del reino de Hammurabi y aparecer citada en textos del 2300 a. C.
Los historiadores griegos clásicos, especialmente Diodoro de Sicilia, popularizaron las leyendas sobre Semíramis. Sin embargo, la monumental ciudad que llegaron a admirar los griegos y que le atribuyeron a Semíramis fue, en realidad, obra de Nabucodonosor II. Este desajuste temporal de casi dos siglos explica por qué el crédito histórico recayó erróneamente sobre la reina asiria.
Un sacerdote greco-babilónico del siglo III aC criticó a los escritores griegos por creer erróneamente que Babilonia fue fundada por Semíramis de Asiria, evidencia de que los antiguos ya reconocían esta confusión. Los registros cuneiformes, las inscripciones reales y la evidencia arqueológica coinciden en lo mismo: la historia y la arqueología confirman que Semíramis no construyó Babilonia.


















































