Los habitantes del Kurdistán iraquí viven bajo una amenaza constante. Durante más de seis semanas, la región ha soportado cientos de ataques aéreos que han dejado a comunidades enteras en estado de agotamiento. Lo más preocupante para los ciudadanos es que ellos no eligieron participar en esta escalada de tensiones, pero pagan las consecuencias cada día.
Según reportes locales, se han registrado aproximadamente 700 ataques con drones y misiles contra objetivos en la zona, en el marco de la escalada entre Washington y Teherán. Las autoridades kurdas han atribuido varios de estos ataques a Irán, incluido uno que ocurrió apenas horas antes de un cese temporal de hostilidades y que dejó al menos una persona fallecida. Los civiles describen la situación como vivir permanentemente bajo vigilancia aérea, sin poder realizar sus actividades cotidianas con seguridad.
Los familiares de las víctimas expresan su frustración porque la población civil se encuentra atrapada en un enfrentamiento geopolítico que no les pertenece. Niños, ancianos y trabajadores ordinarios enfrentan el peligro diariamente mientras las tensiones internacionales continúan. Los líderes locales han hecho un llamado a la comunidad internacional para que proteja a los civiles y reconozca que esta región no debería ser campo de batalla para disputas externas.
La situación refleja una realidad común en conflictos internacionales: quienes menos responsabilidad tienen en las decisiones políticas son quienes más sufren las consecuencias. Las autoridades kurdas insisten en que se necesita un diálogo urgente y garantías de protección para la población civil, mientras la incertidumbre continúa en el norte de Irak.



















































