En Alemania, la presencia de trabajadores en los órganos de gobierno de las empresas con más de 2.000 empleados es obligatoria por ley: deben conceder a la plantilla la mitad de los asientos en el Consejo de Vigilancia. Este sistema, conocido como «Mitbestimmung» (cogestión), lleva más de 70 años funcionando en el país europeo.
El 50% de los puestos lo integran obreros, trabajadores administrativos, representantes sindicales y empleados ejecutivos elegidos por voto directo, mientras el otro 50% corresponde a los accionistas. Los trabajadores tienen derecho a opinar sobre quiénes deben dirigir una compañía y qué rumbo tomar en el largo plazo.
Este órgano celebra cuatro sesiones anuales convocadas con un año de antelación, y si surge algo extraordinario como la adquisición de otra firma o una crisis interna, se suman más reuniones. El sistema busca que todas las partes lleguen a acuerdos mediante concesiones mutuas.
La cogestión ha permanecido más de 70 años en la industria alemana y, aunque no está del todo claro si beneficia o perjudica el desempeño empresarial, sus principales contribuciones son de carácter social. Las personas se sienten más satisfechas en el trabajo cuando tienen mayor voz, lo que tiende a aumentar el rendimiento individual.




















































