Los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial demandan enormes volúmenes de almacenamiento para gestionar datos, y proyecciones de IDC indican que para 2026 estos centros consumirán cerca del 70% de todos los chips de memoria producidos en el mundo. Este fenómeno redefine la infraestructura global y coloca presión inédita en la cadena de suministro tecnológica.
Según PwC, el desembolso acumulado para desarrollar la capacidad de procesamiento requerida por IA alcanzará USD 31,6 billones hacia 2050, con un gasto anual de capital en centros de datos que aumentará de USD 800.000 millones en 2026 a USD 1,8 billones en 2050. Mientras gigantes tecnológicos invierten cifras astronómicas, Honduras enfrenta la paradoja de poder adoptar herramientas desarrolladas fuera de sus fronteras pero con mayores dificultades para construir la infraestructura y conocimiento especializado necesarios.
El impacto alcanza directamente a las empresas. La demanda de memorias DRAM y discos SSD disparó precios hasta 200% entre septiembre de 2025 y marzo de 2026, lo que potencialmente enfrenta al usuario final con computadoras más costosas y menor capacidad de almacenamiento. La presión que ejerce la IA sobre la disponibilidad y el costo de componentes electrónicos acabará elevando los precios de los servicios de almacenamiento en la nube.
Para Honduras y Centroamérica, si una de cada cuatro empresas rezagadas sube un nivel de madurez digital durante los próximos 24 meses, Honduras podría sumar entre 0.3 y 0.5 puntos porcentuales al PIB hacia 2028. Sin embargo, persisten limitaciones en la conectividad nacional, con 4.1 suscripciones de banda ancha por cada 100 habitantes, frente a 16.8 en América Latina. Disponer de infraestructura es una condición importante, pero no garantiza mayor productividad; el reto será conectar esa capacidad con necesidades concretas del mercado y uso empresarial sostenible de la inteligencia artificial.
















































