La prolongada escasez de lluvias golpea las condiciones de vida de miles de familias que dependen de la agricultura para alimentarse y obtener ingresos en el sur de Honduras. El Programa Mundial de Alimentos estima que al menos 500.000 personas más en Honduras podrían caer en inseguridad alimentaria por la falta de lluvias y el fenómeno de El Niño.
Aproximadamente 70.000 hogares en la zona enfrentan pérdidas de entre el 75% y el 100% de sus cosechas de maíz y frijol. De los 12 pozos comunitarios que abastecían a localidades del sur, nueve se secaron, forzando a familias a disminuir raciones de alimento y racionar agua almacenada.
La emergencia hondureña forma parte de una problemática regional que afecta al Corredor Seco Centroamericano, una franja geográfica que comprende zonas de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. Una evaluación realizada en 58 municipios de Guatemala, Honduras y El Salvador revela pérdidas generalizadas de cultivos, menor acceso al agua y crecientes riesgos para la seguridad alimentaria.
La reducción de alimentos disponibles afecta los patrones de consumo familiar, limita la generación de ingresos y aumenta la presión sobre otras estrategias de supervivencia, incluida la migración. Expertos advierten que octubre de 2026 a enero de 2027 será un período crítico, con el agotamiento de reservas de la primera cosecha antes de la recolección de postrera, el último ciclo de siembra del año.








































