En una escena política marcada por discursos encendidos, tensiones postelectorales y expectativas encontradas, el Partido Libertad y Refundación (Libre) ha comenzado a aceptar públicamente su derrota en las elecciones generales de 2025. Después de varios días de incertidumbre y análisis interno, figuras clave del partido han reconocido que los resultados no favorecieron a su candidata presidencial.
La admisión más significativa vino del expresidente y coordinador general de Libre, Manuel “Mel” Zelaya, quien declaró que, según el conteo interno de actas manejado por el propio partido, el ganador de la presidencia sería Salvador Nasralla, no la candidata de su institución política. Este reconocimiento, más allá de su peso político, supone un mensaje directo a la militancia: la tendencia numérica es irreversible.
A esta voz se sumó la del diputado Rasel Tomé, quien pidió al partido asumir la derrota “sin buscar excusas ni culpables”, dejando claro que el resultado representa la voluntad del pueblo hondureño y debe respetarse.
Los medios nacionales han destacado que la diferencia de votos a favor del candidato opositor es tan amplia que vuelve matemáticamente imposible cualquier escenario de remontada por parte de Libre.
Sin embargo, no todo el partido avanza en la misma dirección. Algunos sectores internos mantienen reservas y cuestionamientos sobre el proceso electoral, especialmente en torno a la transmisión de resultados y la logística del escrutinio preliminar. Pese a ello, el reconocimiento de sus principales líderes marca una línea institucional clara: asumir la transición y reconfigurar su rol político desde la oposición.
Por su parte, candidatos como David Castellanos han hecho eco del llamado a la responsabilidad democrática, asegurando que Libre trabajará ahora como una “oposición constructiva”, reafirmando el compromiso con el país y con el respeto al veredicto de las urnas.
El reconocimiento temprano de la derrota no solo descomprime el ambiente postelectoral, sino que también abre la puerta a una nueva etapa en la que Libre deberá evaluar sus estrategias, reconectar con las bases y redefinir su propuesta de país. Mientras tanto, el Consejo Nacional Electoral continúa el proceso formal de consolidación de actas para la declaración oficial de resultados.
En un momento donde la estabilidad democrática sigue siendo un pilar frágil pero indispensable, este paso del partido oficialista envía un mensaje potente: la voluntad popular debe prevalecer, incluso cuando no coincide con las aspiraciones propias.
Libre se prepara ahora para un nuevo capítulo político, uno en el que deberá ejercer liderazgo desde otro frente, pero con el mismo peso histórico que lo ha caracterizado en más de una década de vida partidaria.






















































