La reapertura de una investigación criminal en la Universidad de Cornell en Nueva York tras una demanda civil de una estudiante que fue presionada para consumir ketamina, marihuana y alcohol, y posteriormente agredida sexualmente, ha vuelto a llamar la atención sobre esta sustancia.
La ketamina es un anestésico de corta duración que puede tener efectos alucinógenos, y cada vez es más fácil conseguirla, mientras expertos temen que su uso indebido esté aumentando. Se ha reportado que agresores sexuales utilizan la ketamina para incapacitar a sus presuntas víctimas.
En América Latina se han detectado métodos para obtener ketamina mediante robo de instalaciones veterinarias, reclutamiento de personal de ventas, compras fraudulentas, recetas falsificadas y desviaciones en la cadena de distribución, con diferencias regulatorias entre países que facilitan el tráfico principalmente entre naciones fronterizas. En Centroamérica, Nicaragua juega un papel similar al de países sudamericanos como proveedores.
Estudios recientes indican que podrían haber surgido nuevas formas de consumo de ketamina en América Latina y el Caribe, en particular su uso concomitante con otras sustancias, mientras que las cantidades incautadas de ketamina en la región parecen estar aumentando. Además de los riesgos de la propia droga, quienes la consumen pueden exponerse a agresiones sexuales, ya que agresores la han usado mezclándola en bebidas o ofreciéndola sin que las víctimas comprendan sus efectos.
Las autoridades de salud en la región han comenzado a tomar medidas. Expertos advierten que la facilidad de acceso a esta sustancia desde fuentes médicas y veterinarias, combinada con la falta de regulación uniforme, representa un riesgo creciente para adolescentes y jóvenes adultos en Centroamérica, especialmente en espacios de entretenimiento nocturno.























































