Una paradoja del cerebro: personas que no pueden visualizar voluntariamente en su mente logran tener sueños con imágenes vívidas. Casi dos de cada tres personas con afantasía dicen soñar con imágenes, según un estudio con 2000 participantes publicado en Cortex por el equipo del neurólogo Adam Zeman. Este hallazgo desafía lo que se creía sobre cómo funciona nuestra imaginación.
La afantasía es la marcada reducción o ausencia de imágenes mentales conscientes durante la vigilia. Las personas afectadas no pueden «ver» un rostro, un lugar o un objeto en su mente cuando lo intentan. Sin embargo, el fenómeno es más complejo de lo que parece.
El 63,4% de los participantes con afantasía dijo soñar con imágenes, el 20,7% contó que soñaba sin ellas y el 7,5% no soñaba. Quienes soñaban sin imágenes describían sueños hechos de relato, texto, ideas, sonidos y emociones. La diferencia sugiere que existen múltiples causas detrás de esta condición neurológica.
La explicación más citada es que imaginar a voluntad y soñar dependen de mecanismos cerebrales distintos, aunque otros estudios apuntan a que la afantasía también afecta a los sueños. La afantasía está vinculada a variaciones en la fisiología y conectividad neural en el cerebro, así como en el comportamiento; por ejemplo, listening to scary stories alters skin conductance in those with imagery, but this does not occur in people with aphantasia.
Los investigadores advierten que las visualizaciones figuran entre los tratamientos psicológicos más utilizados y todavía no está claro si las personas con afantasía pueden beneficiarse de intervenciones basadas en imágenes mentales. Este conocimiento abre puertas para entender mejor cómo el cerebro procesa la realidad, la memoria y los sueños en personas con esta condición neurológica poco conocida hace una década.




































