Durante las noches calurosas de verano, muchas familias en Honduras y Centroamérica recurren al aire acondicionado para conciliar el sueño. Sin embargo, existe un ajuste simple que puede reducir significativamente la factura de electricidad: subir la temperatura del termostato solo dos grados. La diferencia entre 24 y 26 grados centígrados parece mínima, pero el impacto en el consumo energético es considerable cuando el aparato funciona durante ocho horas o más cada noche.
Según especialistas en eficiencia energética, cada grado que bajamos en el termostato aumenta el consumo del aire acondicionado entre 7% y 8%. Esto significa que bajar dos grados puede incrementar el gasto entre 14% y 16%. Un equipo moderno de aire acondicionado tipo Split inverter consume aproximadamente 0,45 kilovatios por hora a 26 grados, pero sube a 0,52 kilovatios por hora si lo bajamos a 24 grados. En términos prácticos, esto representa una diferencia de unos 8 centavos diarios, lo que al mes puede sumar casi 3 dólares en equipos eficientes, aunque la cifra aumenta en aparatos antiguos o viviendas con mal aislamiento.
Es importante aclarar un concepto erróneo: bajar la temperatura del aire acondicionado no hace que enfríe más rápido. El termostato únicamente indica hasta dónde debe llegar el aparato, no la velocidad de enfriamiento. Lo que sucede es que el equipo trabaja más tiempo y con mayor esfuerzo para mantener esa temperatura más baja, consumiendo más electricidad innecesariamente. El ahorro depende mucho del tipo de aparato: los equipos modernos con tecnología inverter son más eficientes, mientras que los aires acondicionados antiguos pueden superar 1 kilovatio por hora de consumo.
Para los hogares centroamericanos donde el calor es una constante y la factura eléctrica representa un gasto importante, este ajuste representa una oportunidad real de reducción de costos. Mantener el aire acondicionado a 26 grados en lugar de 24 durante toda la temporada calurosa puede ahorrar decenas de dólares anuales, sin sacrificar significativamente la comodidad nocturna. Combinar este cambio con otras prácticas como mantener las unidades limpias, usar cortinas para bloquear el calor exterior y asegurar un buen aislamiento de puertas y ventanas, amplifica el ahorro energético y ayuda a reducir la huella de carbono.













































