Una búsqueda de 28 años por descubrir el paradero perdido del legendario mosquetero francés D’Artagnan terminó en un giro inesperado cuando Wim Dijkman, un antiguo arqueólogo municipal, realizó la excavación sin la debida autorización del Ayuntamiento.
El arqueólogo encontró restos que cree que pertenecen al célebre mosquetero francés D’Artagnan en una iglesia de los Países Bajos, lo que podría resolver el misterio sobre el lugar de descanso final del héroe más de tres siglos después de su muerte. El esqueleto fue hallado enterrado en una tumba frente al altar de la iglesia de San Pedro y San Pablo en la ciudad neerlandesa de Maastricht, junto a una bala de mosquete y una pequeña moneda de bronce acuñada en 1660.
Sin embargo, durante el procedimiento, Dijkman manipuló los huesos con las manos desnudas y los almacenó en recipientes de plástico, lo que complica notablemente la obtención de resultados concluyentes en las pruebas de ADN. El manejo inadecuado de los restos llevó a la detención de Dijkman. Al ser arrestado, se descubrió que había retenido un húmero y dos dientes, los cuales tuvo que devolver para recuperar su libertad.
Esta evidencia física coincide con los registros históricos que señalan que D’Artagnan, cuyo nombre completo era Charles de Batz de Castelmore, murió tras recibir un disparo en la garganta con una bala de mosquete durante el asedio francés a Maastricht en 1673. A pesar de los reveses procedimentales, la investigación relacionada con este caso está en curso, enfrentando diversas dificultades debido a las irregularidades cometidas durante la excavación.

















































