Los resultados preliminares de la prueba PISA 2025 revelan una crisis profunda en la educación centroamericana. Guatemala, uno de los principales países de la región, enfrenta una situación alarmante al ocupar nuevamente los últimos lugares en las evaluaciones internacionales que miden competencias en lectura, matemática y ciencias.
La situación contrasta cruelmente con los esfuerzos iniciales. Hace más de una década, educadores guatemaltecos promovieron una cooperación formal con Finlandia, uno de los sistemas educativos más exitosos del mundo, para modernizar sus prácticas. Sin embargo, en el Ministerio de Educación se ha dado una regresión alarmante durante los últimos 12 años, período en el cual se han realizado tres ciclos de la prueba PISA.
Expertos señalan que el problema radica en la resistencia institucional a adoptar buenas prácticas internacionales. El Ministerio de Educación de Guatemala sufre evidentemente de un chauvinismo crónico, profundamente enraizado en modelos educativos anacrónicos. Esta postura limita la capacidad de la región para competir en un mercado global que demanda trabajadores con habilidades avanzadas en ciencias y matemática.
El impacto se extiende más allá de Guatemala. Honduras y otros países centroamericanos comparten desafíos similares: infraestructura deficiente, carga docente insuficiente y falta de recursos para innovación pedagógica. La brecha educativa que se profundiza afectará la competitividad económica de toda la región en los próximos años y perpetuará ciclos de pobreza entre millones de estudiantes centroamericanos.
Mientras El Salvador avanza con reformas educativas respaldadas por organismos internacionales, Guatemala se estanca. La pregunta que inquieta a educadores regionales es si Centroamérica podrá revertir esta tendencia antes de que la brecha con países desarrollados se vuelva irreversible.


















































