La política exterior de Estados Unidos hacia América Latina tiene raíces profundas que se remontan a más de un siglo, cuando figuras como el general Máximo Gómez protagonizaban episodios decisivos en la lucha por la independencia de Cuba frente al dominio español.
El 5 de marzo de 1898, Gómez, el veterano guerrero dominicano que se convirtió en símbolo de la lucha independentista cubana, recibió una propuesta singular del capitán general español Ramón Blanco: unir fuerzas para combatir juntos a Estados Unidos. La respuesta del general caribeño marcó un momento crucial en las relaciones hemisféricas de la época.
Desde entonces, la doctrina conocida como el ‘corolario Roosevelt’ estableció las bases de la intervención estadounidense en los asuntos latinoamericanos, justificando acciones bajo el argumento de mantener la estabilidad regional. Esta política ha evolucionado a lo largo de las décadas, adaptándose a diferentes contextos y administraciones.
Analistas contemporáneos trazan ahora paralelismos entre aquella época y las políticas actuales, sugiriendo la emergencia de lo que algunos denominan un ‘corolario Trump’. Este nuevo enfoque plantea interrogantes sobre el futuro de las relaciones entre Washington y sus vecinos del sur, en un contexto geopolítico marcado por nuevas tensiones y realineamientos globales.
El debate sobre la influencia estadounidense en la región continúa vigente, recordando que las decisiones tomadas hace más de un siglo siguen moldeando el panorama político continental en la actualidad.
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