Francia ha aprobado por unanimidad la derogación del Código Negro, la normativa colonial que durante siglos reguló y legalizó la esclavitud en sus territorios de ultramar. Esta decisión, tomada en el parlamento francés, cierra un capítulo oscuro de la historia europea y marca un reconocimiento oficial de los crímenes cometidos bajo ese marco legal.
El Código Negro fue promulgado en 1685 y establecía reglas brutales para el trato de personas esclavizadas en las colonias francesas. La derogación representa un acto de justicia histórica, aunque llega más de tres siglos después de su creación. La aprobación unánime en el parlamento francés refleja un consenso político sobre la necesidad de reparar simbólicamente este legado de opresión y violencia sistémica.
Para Centroamérica, esta decisión tiene un significado profundo. Varios países de la región fueron colonias europeas que sufrieron sistemas similares de esclavitud y explotación. El reconocimiento francés abre una puerta para que otras naciones europeas reflexionen sobre sus propios códigos y leyes coloniales que perpetuaron la injusticia. Honduras y otros países centroamericanos mantienen cicatrices sociales y económicas heredadas de esa época de dominación.
La derogación del Código Negro es más que un gesto simbólico: representa el reconocimiento oficial de que esas leyes fueron criminales y contrarias a la dignidad humana. Aunque no devuelve lo perdido a las víctimas y sus descendientes, constituye un paso hacia la verdad histórica y la memoria colectiva. En un mundo donde aún persisten desigualdades enraizadas en esa época colonial, decisiones como esta invitan a reflexionar sobre cómo los sistemas legales pueden ser instrumentos de injusticia o de liberación.












































