Nuevas investigaciones científicas han permitido entender con mayor precisión qué sucedió en los momentos posteriores al impacto del asteroide Chicxulub, hace aproximadamente 66 millones de años. El hallazgo sugiere que el planeta experimentó un calor extremo capaz de extinguir gran parte de la vida terrestre en apenas unas pocas horas, antes de que comenzara el invierno global que caracterizó este período catastrófico.
El escenario propuesto por los investigadores describe un fenómeno devastador: el impacto liberó una energía tan colosal que la atmósfera se convirtió en un «horno» prácticamente inmediato. Las temperaturas alcanzaron niveles incompatibles con la supervivencia de la mayoría de los organismos vivos. Este pulso de calor intenso fue lo suficientemente potente como para causar extinción masiva incluso antes de que los efectos secundarios del impacto —como la oscuridad por polvo y ceniza— completaran el ciclo de destrucción ambiental.
Los científicos utilizaron modelos computacionales avanzados para simular la propagación del calor radiante desde el punto de impacto. El análisis indica que la radiación térmica alcanzó prácticamente todos los rincones del planeta en cuestión de minutos, generando un estrés térmico nunca antes experimentado. Posteriormente, la llegada del polvo a la atmósfera bloqueó la luz solar, iniciando el período de enfriamiento extremo que caracterizó los meses y años siguientes al evento.
Este descubrimiento tiene implicaciones importantes para entender cómo los eventos cataclísmicos pueden transformar los ecosistemas planetarios en escalas de tiempo muy breves. Para Centroamérica, región geológicamente activa con historia de eventos sísmicos y volcánicos, estos estudios permiten comprender mejor los riesgos naturales y la resiliencia necesaria ante cambios ambientales extremos. La investigación continúa desentrañando los detalles de uno de los eventos más significativos en la historia de la Tierra.












































