Cuba continúa con trabajos de recuperación del servicio eléctrico tras sufrir un nuevo apagón masivo el viernes 10 de julio. Este es el segundo corte de gran magnitud en pocos días, dejando sin electricidad a millones de ciudadanos en la isla caribeña, incluida La Habana, donde residen aproximadamente 1.7 millones de habitantes.
La crisis energética se debe principalmente a la falta de combustible para las plantas generadoras. Las restricciones comerciales impuestas por Washington han limitado significativamente el acceso a petróleo y derivados, complicando la operación de la infraestructura eléctrica cubana. Las autoridades trabajan en el restablecimiento gradual del servicio, pero el proceso avanza lentamente debido a estos limitantes.
Los apagones sucesivos han generado afectaciones en sectores clave como la salud, el comercio y los servicios básicos. Hospitales, farmacias y negocios han tenido que adaptarse a la falta de electricidad, mientras la población enfrenta temperaturas altas típicas del verano caribeño sin acceso a refrigeración en muchos casos.
Para Centroamérica, esta situación subraya la importancia de diversificar fuentes energéticas y fortalecer la independencia en materia de combustibles. La crisis cubana sirve como recordatorio sobre los riesgos de depender excesivamente de importaciones externas para necesidades vitales como la energía, un desafío que también enfrentan varios países de la región.














































