Este 2026 marca tres décadas desde que Matilda llegó a las pantallas de cines en todo el mundo. La adaptación dirigida por Danny DeVito en 1996 sigue siendo uno de esos filmes que generaciones de centroamericanos crecimos viendo, ya sea en cines, televisión o en aquellas cintas de VHS que pasaban de mano en mano en los barrios.
La historia de la pequeña niña prodigio enfrentándose a una directora despiadada y una madre desinteresada resonó profundamente en el público. No fue solo un éxito de taquilla en su momento, sino que se convirtió en un referente cultural que influyó en cómo Hollywood abordaría posteriormente las historias centradas en menores con capacidades extraordinarias. Productores y directores posteriores tomaron nota de cómo DeVito logró equilibrar el humor, la ternura y mensajes sobre la educación y la superación personal sin caer en sentimentalismos baratos.
Lo notable es que la película trascendió su formato original. La influencia de Matilda se puede rastrear en decenas de filmes y series que vinieron después, desde adaptaciones de libros infantiles hasta historias sobre niños exceptuales que enfrentan adversidades. El impacto creativo de esta cinta en la industria cinematográfica ha sido mucho mayor de lo que muchos recordaban al principio.
Para quienes somos de la región, Matilda representa más que entretenimiento: es un símbolo de esa época donde el cine familiar tenía profundidad y mensaje. Tres décadas después, sigue siendo una invitación a recordar que la literatura, la inteligencia y la bondad siempre valen la pena, aunque el mundo intente convencernos de lo contrario.














































