Tres fragmentos de hueso, ninguno mayor que la palma de una mano, han sido suficientes para reabrir un debate que lleva décadas animando las discusiones de la paleoantropología europea. En los yacimientos de Atapuerca, en España, científicos utilizaron tecnología avanzada para estudiar estos vestigios.
El estudio, publicado en 2026 en Journal of Human Evolution, ha medido con precisión el grosor craneal de Homo antecessor mediante micro-CT en tres parietales de Atapuerca. Estos hallazgos permiten comprender mejor cómo evolucionó nuestro ancestro hace cientos de miles de años.
Según los fragmentos analizados, el grosor craneal de Homo antecessor se sitúa aproximadamente entre 6 y 7 mm, un valor que encaja dentro del rango conocido para otras especies humanas. Este dato es crucial para los investigadores que estudian cómo variaron las capacidades cognitivas en la evolución humana.
La sierra de Atapuerca destaca en el mundo como un sitio clave para entender la evolución humana, reconocido como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Aunque estos descubrimientos ocurren en Europa, las técnicas y metodologías desarrolladas en Atapuerca sirven como modelo para arqueólogos de todo el mundo, incluyendo proyectos en América Central que estudian ocupaciones humanas precolombinas.















































