Las autoridades españolas desplegaron un operativo el viernes para sacar de las playas de Ceuta a miles de migrantes irregulares y darles refugio, pero la mayoría acabó regresando a los asentamientos informales.
Más de 2.000 personas se reinstalaron en las playas de El Trampolín y Benítez tras quedarse fuera del dispositivo provisional de acogida, cuyas instalaciones con capacidad para 1.700 personas se llenaron durante la mañana. La policía antidisturbios disparó balas de goma al aire y golpeó a varias personas con porras al iniciar el operativo para trasladar a los migrantes a alojamientos temporales.
Más de 70.000 migrantes cruzaron desde Marruecos a Ceuta a finales de julio, provocando una crisis que aún perdura, aunque la gran mayoría fue enviada de regreso a su país de origen pocas horas después. España calcula que actualmente 10.000 migrantes permanecen en el pequeño territorio.
La situación en Ceuta refleja una crisis humanitaria global. Centroamérica experimenta dinámicas similares de migración forzada: miles de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos buscan mejores condiciones de vida, enfrentando riesgos en tránsito. La respuesta española muestra los límites de la capacidad de acogida cuando se produce una afluencia masiva e inesperada. Las autoridades locales reportan que los asentamientos seguirán ocupados mientras no se abra más espacio de alojamiento temporal, lo que perpetúa condiciones de inseguridad e insalubridad.


















































