Las entregas modulares de infraestructura lunar ya están en marcha. La NASA prevé enviar a la Luna entre septiembre y noviembre un alunizador no tripulado de Blue Origin para comenzar a asentar los cimientos de la futura base lunar, seguido de dos misiones similares programadas antes de que finalice 2026.
Lo inusual de este plan no es que vuelvan a la Luna, sino cómo lo harán. La construcción se perfila como una construcción por etapas, como si el futuro se armara pieza a pieza, donde la coordinación es crítica: decidir qué llega primero, qué se enciende después y cómo cada entrega encaja con las anteriores sin margen para improvisar.
La agencia espacial usará alunizadores de Blue Origin, Astrobotic e Intuitive Machines para preparar una presencia humana permanente en la Luna. La NASA quiere tener capacidad operativa en la superficie lunar entre 2029 y 2032, y una presencia semipermanente en 2032 o más tarde. Este ambicioso cronograma requiere que cada misión comercial tenga precisión casi perfecta.
Aunque la base lunar beneficiará principalmente a la investigación científica mundial, Latinoamérica también participa indirectamente. La agencia invertirá cerca de 600 millones de dólares en estas operaciones, distribuidos entre empresas que desarrollan tecnología de punta en navegación, energía y comunicaciones. Estos avances en sistemas de tecnología espacial eventualmente tienen aplicaciones en telecomunicaciones y navegación satelital que impactan regiones como Centroamérica.




















































