Las madres son las principales receptoras de remesas, concentrando alrededor del 40% de los envíos, mientras enfrentan una realidad complicada: las detenciones de migrantes de El Salvador, Honduras y Guatemala en Estados Unidos y México cayeron un 50,2% durante la primera mitad de 2026. Esta reducción en las aprehensiones no necesariamente significa que más dinero llegue a casa.
La paradoja es clara. El Triángulo Norte acumuló 29.064 millones de dólares en remesas durante los primeros siete meses de 2026, un 7,1% más que en el mismo período de 2025. Sin embargo, el 86% de las remesas en Honduras se destina a cubrir necesidades básicas como alimentación, salud y educación. En Guatemala, el país fue el mayor receptor de remesas entre enero y junio pasado con 12.978,5 millones de dólares.
El rol de las mujeres como administradoras del hogar ha cobrado mayor importancia. En Centroamérica se incorporó a 360.000 trabajadores al mercado laboral entre enero y abril de 2026, impulsado por la incorporación de mujeres. Esto refleja cómo el fenómeno migratorio impacta la estructura familiar: son las mujeres quienes toman decisiones sobre cómo estirar cada dólar cuando los hombres están ausentes.
Los envíos ayudan a muchas familias a enfrentar el aumento del costo de vida y a financiar inversiones en vivienda, agricultura y pequeños negocios. Pero las remesas equivalen a más del 25% del Producto Interno Bruto de Honduras, mostrando la profunda dependencia de estas economías de dinero enviado desde el extranjero. La sustentabilidad de este modelo requiere transformaciones estructurales que vayan más allá de las remesas.





















































