Un análisis de fósiles de hasta 3,7 millones de años revela que los Australopithecus caminaban erguidos mientras seguían trepando con frecuencia. El descubrimiento, liderado por la Universidad del Sur de California, cuestiona la teoría tradicional de que nuestros ancestros bajaron de los árboles para luego aprender a caminar sobre dos piernas.
Los científicos estudiaron la resistencia de los huesos de brazos y piernas de varios homininos que vivieron entre hace 3,7 y 1,5 millones de años mediante tomografías computarizadas que analizaron la estructura interna de huesos como el húmero, el fémur y la tibia. Lo fundamental fue medir cómo los huesos respondían a cargas mecánicas como flexión y torsión, no solo analizar su forma externa.
Los australopitecos presentaban húmeros proporcionalmente fuertes respecto a los fémures, algo más parecido a los grandes simios que trepan regularmente, pero al comparar fémur y tibia, el patrón se acercaba al de los humanos modernos, es decir: piernas sometidas a las cargas propias de caminar erguidos y brazos que todavía recibían las exigencias de trepar. Uno de los fósiles clave fue StW 573, conocido como Little Foot, que tiene aproximadamente 3,67 millones de años.
El cambio decisivo llegó con los primeros Homo, cuyos ejemplares de aproximadamente 2,3 a 1,5 millones de años dependían más del desplazamiento por tierra que Australopithecus. La investigación fue publicada en la revista científica Science Advances y aporta nuevas claves sobre cómo nuestros antepasados realizaron la transición gradual del entorno arbóreo hacia la vida terrestre.




















































