Un avance científico revolucionario muestra que órganos congelados a temperaturas extremadamente bajas pueden recuperar su función después de largos períodos de almacenamiento.
Los investigadores de la Universidad de Minnesota lograron congelar riñones de cerdo a -150 °C, mantener uno de ellos en estado de vidrio vítreo durante más de un año, y luego reactivarlo exitosamente. Una vez descongelados mediante nanopartículas de óxido de hierro activadas por campos electromagnéticos, los órganos recuperaron su color y produjeron orina inmediatamente después de ser trasplantados en nuevos cerdos.
¿Cómo funciona esta técnica? Los investigadores cargan los órganos con agentes crioprotectores que evitan la formación de cristales de hielo, los enfrían gradualmente hasta alcanzar un estado vítreo similar al vidrio, y los recomiendan usando partículas de óxido de hierro que distribuyen calor de forma uniforme mediante campos electromagnéticos externos. Este método representa el primer éxito documentado en la preservación a largo plazo de órganos de este tamaño.
Impacto potencial para Centroamérica: Esta tecnología podría transformar la realidad médica en nuestros países, donde la disponibilidad de órganos para trasplante es limitada y los pacientes esperan largos períodos. Si se logra adaptar a órganos humanos, permitiría crear «bancos de órganos» que esperen indefinidamente a los receptores, mejorando la compatibilidad y reduciendo el riesgo de rechazo. Los científicos trabajan en reducir la toxicidad de los químicos utilizados y en demostrar que los órganos pueden mantener sus funciones a largo plazo en animales vivos.





















































