Un terremoto de magnitud considerable sacudió el eje cafetero colombiano el pasado 10 de agosto, dejando a su paso destrucción y dolor. Entre los afectados no solo están las personas, sino también miles de animales domésticos que quedaron atrapados en los escombros o desorientados por la tragedia. Kiara, una mascota que pasó 24 horas en un quinto piso sin paredes en Dosquebradas, Risaralda, se ha convertido en símbolo de la vulnerabilidad que enfrentan nuestras mascotas durante estas catástrofes naturales.
Los bomberos debieron emplear casi tres horas para rescatar a Kiara de su precaria situación. El caso refleja la complejidad de las operaciones de rescate en zonas devastadas, donde cada minuto cuenta y los recursos son limitados. Héctor Hernández, concejal de Pereira, una de las ciudades más afectadas, ha recibido múltiples reportes de animales en peligro a través de redes sociales. Sin embargo, el funcionario advierte una realidad preocupante: aunque existe un protocolo para asistir a animales en emergencias, este permanece principalmente en el papel, sin implementación efectiva cuando más se necesita.
La tragedia ha cobrado vidas animales de maneras dolorosas. Durante el sismo, varios animales domésticos se lanzaron desde pisos altos presos del pánico, mientras otros permanecen desaparecidos bajo los escombros. Los llamamientos por redes sociales continúan llegando diariamente, pero la capacidad de respuesta es insuficiente ante la magnitud de la crisis. Las autoridades enfrentan el desafío de coordinar rescates humanos y animales simultáneamente, con presupuestos y personal limitados.
El caso de Kiara y miles de mascotas más en la región pone en evidencia la necesidad urgente de fortalecer los protocolos de protección animal en casos de desastres. Para Honduras y Centroamérica, donde también existe riesgo sísmico, esta situación colombiana es una llamada de atención sobre la importancia de preparar sistemas de respuesta rápida que incluyan a nuestros animales. Las organizaciones de protección animal en la región subrayan que no podemos seguir viendo estos protocolos como documentos olvidados en escritorios.













































