El primer ministro canadiense Mark Carney respaldó el 17 de septiembre la propuesta de la Comisión Europea de convertir a Canadá en el primer miembro asociado de la UE, describiéndolo como un esfuerzo para fortalecer la soberanía y la resiliencia mutua.
El discurso ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo se produjo en medio de una escalada de tensión con Washington. Trump amenazó con «aranceles muy serios» contra la Unión Europea si Bruselas perseguía la propuesta de relación con Canadá, calificando el acuerdo como un «acto hostil».
Carney propuso una integración más profunda entre Canadá y Europa en comercio, defensa, minerales críticos, inteligencia artificial, energía, espacio, investigación y servicios financieros, para hacer ambas partes menos vulnerables a presiones económicas y geopolíticas.
En su alocución, Carney afirmó: «no propongo un tercer bloque para convertirse en rival de una gran potencia, solo con mejores modales. No buscamos poder para dominar a otros». Esta declaración fue diseñada para calmar preocupaciones estadounidenses sobre una alianza anti-Trump.
Para Centroamérica, esta reconfiguración del comercio internacional puede tener implicaciones. Una alianza Canadá-UE más fuerte podría afectar dinámicas de inversión extranjera y acceso a mercados en la región, considerando que Canadá actualmente negocia con varios países latinoamericanos. Cualquier escalada de aranceles entre Washington y Bruselas también podría repercutir en cadenas de suministro que incluyen proveedores centroamericanos.
Carney indicó que los legisladores canadienses votarían finalmente sobre la estructura final de la alianza, lo que sugiere que las negociaciones se extenderán en los próximos meses, en medio de crecientes presiones proteccionistas globales.



















































