Las películas de terror ya no necesitan monstruos clásicos ni litros de sangre para incomodar. Ahora el miedo vive en pasillos vacíos, silencios incómodos, relaciones enfermizas y escenarios que parecen sacados de una pesadilla de internet.
Backrooms: sin salida arrasa en taquillas de todo el mundo con 384 millones de dólares con un presupuesto de menos de 10 millones, mientras Obsession ha generado ganancias millonarias sin costar ni un millón de dólares. Estas cintas llegaron con ideas raras, atmósferas incómodas y directores jóvenes que crecieron viendo contenido digital, resultando en un terror más psicológico, más extraño y más cercano a las angustias modernas.
Backrooms sigue a una psicóloga que se enfrenta a uno de los casos más desconcertantes de su carrera cuando uno de sus pacientes desaparece en circunstancias imposibles, descubriendo indicios de una dimensión alternativa con oficinas vacías, pasillos repetitivos y luces parpadeantes.
Ambas cintas no solo han dado una nueva vida al horror, sino que han atraído en masa a la generación Z y han dado una lección al cine más clásico: si dejáis de darnos cosas que ya hemos visto, iremos a las salas de cine.



















































