Investigaciones recientes indican que el contacto prolongado o frecuente de la piel con la naturaleza podría alterar significativamente lo que ocurre en nuestra piel y en nuestro organismo.
En experimentos dirigidos por Mira Grönroos, ecóloga del Instituto Finlandés de Medio Ambiente, la cantidad y diversidad de microorganismos de la piel aumentaron tras frotar las manos con tierra durante 20 segundos, con cambios que persistieron incluso después de enjuagarse con agua.
En un estudio con adultos que cultivaron plantas en macetas durante un mes, quienes utilizaron tierra con diversidad microbiana experimentaron un aumento en la variedad de bacterias de su piel y en la cantidad de citocinas antiinflamatorias en la sangre, mientras que el otro grupo no mostró cambios.
Según la investigadora, aunque la microbiota de los participantes tendió a volver rápidamente a condiciones similares a las previas, los estudios sugieren como factor clave mantener una exposición frecuente y prolongada a ambientes naturales.
Cuando existe una mezcla rica de microbios que conviven, estos se mantienen mutuamente bajo control y protegen la piel de bacterias patógenas nocivas. Cada vez hay más estudios que demuestran que el contacto con elementos naturales como tierra y plantas es una forma sencilla de aumentar la diversidad microbiana de la piel, lo cual beneficia el sistema inmunológico.
Para agricultores y trabajadores rurales en Honduras y Centroamérica, estos hallazgos cobran especial relevancia. El contacto diario con tierra mediante trabajo agrícola proporciona exposición continua a microorganismos benéficos, especialmente cuando se realiza en ambientes con diversidad biológica como huertos y campos de cultivo.

















































