Honduras enfrenta una encrucijada entre lo que la ciudadanía reclama y lo que el Gobierno puede ofrecer. Los combustibles volverán a encarecerse a partir del lunes 21 de septiembre, y aunque el Gobierno mantiene medidas de compensación para gasolina regular y diésel, la realidad es que los precios siguen subiendo semana tras semana.
A pesar de que el Gobierno aumentó el apoyo económico temporal del 50% al 65% para absorber parte del impacto internacional, la medida resulta insuficiente ante la escalada externa. En Tegucigalpa, la gasolina súper encabeza las alzas con un incremento de L.4.57, fijando su precio final en L.148.30 por galón. Los subsidios se amplían, pero el alivio es parcial.
El diésel merece especial atención porque su precio puede trasladarse indirectamente a otros productos mediante transporte, agricultura, generación y distribución de mercancías, por lo que Honduras comienza otra semana con una paradoja: el Gobierno aumenta el subsidio para proteger el bolsillo, pero los consumidores pagarán más de todos modos.
El alto costo de vida, la inestable situación laboral y la fuerte dependencia de las remesas continúan definiendo el pulso económico del país. El cierre de empresas agrava la crisis laboral en Honduras, donde los altos costos, la falta de crédito, la baja demanda y la inseguridad golpean al empleo. En este contexto, cada aumento de combustibles resuena en toda la economía centroamericana, trasladándose a precios de alimentos, servicios y transporte que afectan directamente al bolsillo de millones de hondureños.



















































