Las guacamayas rojas, aves tropicales emblemáticas cuyas poblaciones están disminuyendo, pueden poner hasta cuatro huevos por temporada, pero generalmente solo una o dos crías llegan a volar. Aunque este método de crianza brutal fue una estrategia de supervivencia, ahora se ha convertido en un obstáculo importante para la recuperación de esta especie en declive.
La científica peruana Gabriela Vigo-Trauco comprobó que casi ninguna de las terceras y cuartas crías en nidadas de varios huevos sobrevive, y que alrededor del 25% de las segundas crías sufre la misma suerte. Después de estudiar a estas aves por más de dos décadas, Vigo-Trauco descubrió que las guacamayas rojas dejan morir de hambre a sus crías más jóvenes a propósito.
Las guacamayas son víctima de la caza furtiva y la tala, las cuales han llevado a una de sus subespecies al borde de la extinción en todo México y Centroamérica. En Honduras existe un ambicioso proyecto en el noroeste del país para repoblar Centroamérica de guacamaya roja, el ave más venerada por los mayas.
El trabajo de Vigo-Trauco busca aprovechar los conocimientos obtenidos en la Amazonía peruana para aportar soluciones a otras poblaciones de la especie en América Latina. En total, 70 guacamayas rojas han sido liberadas desde 2011 en Honduras, en un proyecto para la protección de esta ave en peligro de extinción.
Los científicos deben localizar un polluelo en peligro y encontrar otro nido vacío o con una cría de edad semejante. Estas dificultades han impedido que el sistema pueda aplicarse fácilmente en todos los lugares donde sobreviven poblaciones reducidas de guacamayas rojas.




















































