Tegucigalpa. Tras seis meses de gobierno, crece el descontento en Honduras con Nasry Asfura por la economía, el desempleo y el costo de vida. Los ciudadanos cuestiona el desempeño de la administración, que enfrentaba altas expectativas tras asumir el poder en enero pasado.
Según el Sondeo de Opinión Pública 2026 del ERIC-SJ, su gobierno obtuvo una calificación de apenas 3,82 sobre 10 y siete de cada diez hondureños se declararon insatisfechos con su desempeño. Este indicador refleja el deterioro en la percepción pública durante apenas seis meses de gestión en el Ejecutivo.
La crisis económica aparece además como el principal fracaso señalado por la población, asociado al alto costo de la vida, el desempleo y la pobreza. En Centroamérica, Honduras enfrenta presiones similares a las de otros países de la región, donde la inflación y la desocupación limitan el desarrollo.
Familias hondureñas dependen cada vez más de las remesas enviadas por sus parientes en el extranjero. Las remesas están sujetas a factores externos, en particular la situación económica y política de Estados Unidos, donde reside gran parte de la diáspora. Esta vulnerabilidad económica deja al país expuesto a cambios en políticas migratorias y ciclos económicos internacionales.
Más del 70 % de los trabajadores se desempeña en el sector informal, sin acceso a seguridad social, contratos formales o estabilidad de ingresos. Para observadores locales, esta realidad representa uno de los desafíos estructurales más profundos que enfrenta Honduras de cara a las elecciones del 2027.

















































