Alejandro Betancourt pasó de ser uno de los empresarios venezolanos que hicieron fortuna durante la era chavista a convertirse en pieza clave del acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela. El empresario de 46 años lidera North American Blue Energy Partners (NABEP), la segunda compañía petrolera más grande de Venezuela, que ahora forma parte de un histórico acuerdo con Washington.
NABEP quedó en el centro del gigantesco proyecto petrolero impulsado por la Administración Trump: 17 yacimientos con unas reservas estimadas de 65.000 millones de barriles y un acuerdo que concede a Estados Unidos una participación del 35% en la compañía y derechos preferentes sobre parte de su producción. «No Betancourt, no energy-security deal,» afirmó un funcionario estadounidense.
Sin embargo, la trayectoria de Betancourt no es sin controversias. Se le atribuye, junto a socios, haber sobornado a tres funcionarios de PDVSA con 42 millones de dólares para defraudar US$ 4.850 millones en operaciones de cambio de divisas canalizadas a través del petróleo, dinero que habría terminado en sociedades, inversiones e inmuebles de alto valor en España. En Suiza, Betancourt enfrentó una investigación por presunto lavado de dinero y una solicitud de extradición desde el Reino Unido, que fue retirada en mayo del 2026, después de que funcionarios de la administración Trump intervinieran ante las autoridades suizas.
Durante una década, Betancourt estuvo atrapado en una amplia investigación del Departamento de Justicia sobre un sofisticado esquema de lavado de dinero multimillonario. En los últimos meses, los fiscales federales de Miami cerraron la investigación sobre Betancourt por órdenes de la oficina del entonces vicesecretario de Justicia Todd Blanche, formando parte de un esfuerzo de funcionarios de la Casa Blanca de Trump y del secretario de Estado Marco Rubio para reclutar a Betancourt con el fin de articular un nuevo y enorme acuerdo petrolero con el Gobierno de Venezuela.
Para Centroamérica, este acuerdo tiene implicaciones profundas. La seguridad energética de Estados Unidos afecta directamente la estabilidad regional y los precios de combustibles que impactan a países como Honduras, Guatemala y El Salvador. Expertos cuestionan si la asociación con Betancourt, a pesar de sus antecedentes investigativos, representa el mejor camino para la reconstrucción petrolera venezolana y la seguridad del hemisferio.














































