La 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas abrió sus sesiones con discursos de líderes como Donald Trump, Emmanuel Macron y Luiz Inácio Lula da Silva. En Nueva York, los tres mandatarios expusieron posiciones diametralmente opuestas sobre el futuro del sistema internacional.
El presidente de Brasil mencionó que Estados Unidos es la mayor potencia militar, pero señaló que su país no cabía en el patio trasero de nadie. Lula manifestó preocupación por la influencia de Washington en los comicios presidenciales de octubre próximo en Brasil, criticando la injerencia externa en procesos electorales.
Macron inició su discurso preguntando si el mundo quería vivir bajo la ley del más fuerte, rechazando este concepto y haciendo un llamado al multilateralismo. El presidente francés aprovechó su último discurso ante la Asamblea para instar a la ONU a estar a la altura de sus ideales fundacionales.
Trump presentó el liderazgo y capacidad de acción estadounidense como elementos centrales para enfrentar las amenazas globales. Estas no son diferencias exclusivamente retóricas, sino que representan concepciones distintas acerca de cómo debe funcionar el sistema internacional.
Para Honduras y Centroamérica, la Asamblea reviste importancia estratégica. La postura de Brasil rechazando la hegemonía estadounidense refleja tensiones que impactan la política regional. La región centroamericana, históricamente bajo influencia directa de Washington, observa cómo potencias como Brasil buscan equilibrios en la geopolítica global.





















































