Un fósil encontrado en Texas de 324 millones de años pertenece a una extraña criatura denominada Chosha praecursor, que presentaba nada menos que 24 extremidades. El ejemplar había permanecido durante décadas almacenado en un museo de San Diego, identificado como un crustáceo juvenil, hasta que una nueva observación permitió detectar estructuras que habían pasado inadvertidas.
La anatomía de Chosha praecursor sugiere que los primeros insectos atravesaron una larga etapa semiacuática antes de conquistar definitivamente la tierra firme. Las patas posteriores con forma de paleta pudieron ayudar al desplazamiento en ambientes acuáticos poco profundos y fangosos. Según explicó el paleontólogo Tihelka, ‘La transición a la tierra pudo haber sido gradual’.
El cuerpo de seis patas que conocemos hoy en los insectos modernos surgió después de un largo proceso evolutivo. Los primeros insectos sin alas tuvieron cuerpos mucho más variados de lo que podría suponerse observando únicamente a las especies actuales. El estudio fue publicado el 26 de agosto de 2026 en la revista Nature.
Este descubrimiento llena un importante vacío en el registro paleontológico. Existe un gran hueco en el registro fósil de los primeros insectos, con un intervalo de decenas de millones de años que los científicos todavía intentan reconstruir. La reclasificación de Chosha praecursor aporta claves fundamentales para entender cómo la vida se adaptó y prosperó hace cientos de millones de años, transformando completamente los ecosistemas del planeta.

















































